domingo, 1 de julio de 2012

HIJOS DEL PADRE


HIJOS DEL PADRE

No impiden a la lluvia mojar la tierra,
Más no detiene el sol su paso en la arena,
No son más que hombres bajo el cielo,
Pero son consuelo los Hijos del Padre Bueno.

Sus vidas alojan en el pecho mis desdichas,
Melancolías que en mi nombre tomaron de la vida,
Son testimonios blancos, palabras limpias, aire puro.
Esculturas que el fuego forjó haciéndolos uno.

No hacen crecer un centímetro el bosque,
No hicieron el universo ni le dieron nombre,
No recienten la cruz si los lleva al Padre,
No crearon los mares, pero saben que su Fe los abre.

Auscultan las sombras y paren luz al nacer la noche,
Disipan el miedo: la inseguridad que sobrecoge,
Frágiles dejan los Hijos del Padre huellas en la nieve
Y son fuertes sus pisadas sólo si (Jesús) te vuelves.

No les detienen tormentas, lanzas ni espadas,
No les resisten siete vueltas las murallas,
No les toma como suyos la nación mundana,
No tienen hogar pero en Cristo está su morada.

Elevan plegarias que ávido el cielo escucha,
Pelean contra su enemigo la buena lucha,
No les venció la arena ni el horror del coliseo,
Vencieron al mundo por creer lo que yo creo.

No temieron fuego ardiente ni león infame,
No alzaron súplicas sino cantos inmortales,
No les intimidan piedras ni furor de criminales,
No se apagan, sino brillan, brillan sus verdades.

Sin dolor claman: ¡Dónde está oh muerte tu aguijón!
Sus palabras estremecen la tierra y detienen el sol,
Sin respeto por los muertos los desgarran del seol,
                       Con las manos, con la voz, con la fe del corazón

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